Crisis del covid-19

Crisis del covid-19

Tras la crisis del covid-19 el mercado inmobiliario ha visto alteradas sus previsiones de evolución para 2020: da por hecho que las caídas de precios y operaciones serán constantes en los próximos meses. Un mercado que hasta hace apenas unas semanas era foco de atracción de la enorme liquidez existente en el mercado. Si el año pasado se batieron todos los registros en cuanto a inversión inmobiliaria, la declaración del estado de alarma del pasado día 15 de marzo ha provocado el frenazo de las operaciones y de la inversión inmobiliaria.
Este revés supone que el sector residencial, concretamente el de 2ª mano, se enfrente a un recorte del precio de la vivienda superior al 8%, caída comparable al recorte del 9% que sufrió el mercado en 2008.
Cuando en 2008 se pinchó la burbuja, al primer gran golpe que sufrió la vivienda le siguió un escenario de cinco años seguidos de recortes, lo que llevó a acumular una caída del 30%, hasta que se inició la recuperación. Una agonía que, de momento, los expertos están descartando, ya que ahora se estima un descalabro de la economía mayor, pero más concentrado en el tiempo. Al desinflarse las expectativas de revalorización de la vivienda, ya que el precio de la vivienda está correlacionado con la actividad económica, quienes se planteaban comprar una vivienda, es muy probable que dilaten la decisión al menos hasta observar una recuperación del mercado residencial, como sucedió tras el 2008.
La importancia del mejor ajuste entre precio de salida y de venta debe de venir del asesoramiento del profesional inmobiliario que se involucre en la gestión de venta. Esta importancia es mayor si cabe ahora, por el hecho de que los precios en la cara norte de la Sierra de Gredos se estaban estabilizando: ralentización de precios a la baja. Es más, cualquier inmueble que lleve en venta bastante tiempo no conseguirá corregir precios de venta mal fijados desde el inicio, haciendo que el propietario termine perdiendo más por el paso del tiempo.
Los jóvenes que desean acceder a su primera vivienda acaparan –antes y ahora- la mayor cuota de la demanda, se  ven empujados a optar por pisos de superficies muy reducidas y condicionados por la brecha entre su baja capacidad de ahorro y los precios actuales del mercado.

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